
Así será el
varón protector de la Nochebuena, el custodio de la Encarnación, el padre
adoptivo sin el cual no podría haberse salvado de la muerte la Sagrada
Familia.
Un ángel podría
haber ocupado ese lugar, pero Dios quiso que fuera un ser humano varón. Y José
acepta, y por eso ocupa un lugar tan privilegiado en la Iglesia.
En él, como en
María Santísima, el signo de la grandeza es la humildad. La humildad que protege
y salva a la vida indefensa. Hoy, por el contrario, la soberbia es el signo del
desprecio y de la muerte. La soberbia prepotente del aborto mata a millones de
niños sin permitirles nacer. Y muchas veces, es el varón quien arrastra a la
mujer.
Pidamos la
humilde grandeza del “Si” a Dios y a la vida, salvando a nuestra Patria de los
nuevos Herodes.
Que la
Nochebuena dé su fruto de felicidad, que todos los niños concebidos lleguen a
nacer, y puedan ver la luz a que están destinados. Que el Niño Dios proteja a
todos los niños, hoy más que nunca.
Comentarios