sábado, 14 de marzo de 2015

Basta de demagogia...


La asignatura de Religión en España ha saltado al debate mediático debido a la publicación del nuevo temario en el Boletín Oficial del Estado. No aparece nada muy distinto a lo que se imparte en muchos otros países de Europa y del mundo pero cierta prensa anticlerical o laicista radical ha aprovechado para hacer una campaña populista y alarmista contra esta asignatura. La asociación E-Cristians (www.e-cristians.com) ha publicado un documento resumiendo las acusaciones y las respuestas razonables y denunciando la demagogia contra esta asignatura y como no, nosotros nos hacemos eco.

Consideraciones sobre la clase de religión en la escuela: basta de demagogia

1. Ha bastado que apareciera en el BOE el temario de la clase de religión en el nuevo plan de estudios para que por parte de determinados medios, periodistas y comentaristas se haya producido un verdadero linchamiento que debe ser denunciado como un perjuicio grave contra los católicos y la Iglesia.

2. Reclamamos un debate racional sobre la función de la educación religiosa confesional en la escuela, y exigimos como ciudadanos respeto para nuestras creencias.

3. El nuevo decreto mantiene el carácter voluntario de la asignatura para los alumnos y de oferta obligatoria por parte de los centros, como así ha venido siendo. Quien quiere la elige y el centro tiene la obligación de cumplir con esta demanda, y quien no quiere no lo hace. Quien va a una clase de religión es porque quiere, y eso es así incluso en la escuela católica. ¿A quién molesta esta formación libre y voluntaria y por qué?

4. La diferencia principal ahora es que la religión, la nota de religión, volverá a formar parte del promedio de la nota escolar. ¿Es que no es el caso de todas las asignaturas que se imparten de manera regular, desde la plástica a la educación física? ¿Y entonces por qué no algo tan fundamental para la educación como la religión y la ética deben ser marginados y situados como una asignatura “maría”?

5. La educación religiosa en la escuela de carácter voluntario es buena para las familias y alumnos. Al igual que sucede con la escuela concertada, no es nada más que el cumplimiento del mandato constitucional, del derecho de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos, un principio, que como es obvio no puede quedar reducido a las cuatro paredes domésticas, porque esto es simplemente una obviedad.

6. La religión, la educación religiosa genera un beneficio para la sociedad, una externalidad positiva muy importante. Desde los estudios de Coleman a finales de los ochenta, hasta los más recientes, se repiten las mismas conclusiones: los alumnos que practican su confesión religiosa obtienen mejores resultados académicos, su socialización es mucho más positiva, e incurren en una medida mucho menor en prácticas contrarias a su salud. Esto también sucede en relación a los centros escolares que son confesionales, en relación a los que no, y evidentemente todo esto después de “filtrar” los resultados por la variable de la renta de los padres.

7. En nuestro país el estudio del sociólogo Javier Elzo sobre la capacidad educativa de las familias, realizado para la Fundación Jaume Bofill, también señala –en este caso indirectamente- que aquellas que tienen un marco de referencia donde la religión es una componente obtienen buenos resultados, mientras que cuando tal variable no está presente, la dispersión en los resultados es muy considerable. La confesión religiosa es un factor favorable al rendimiento escolar del alumno, y también del aula.

8. En la vida adulta también reporta beneficios para la sociedad: los matrimonios católicos son mucho más estables, y por ello dotados de una mayor capacidad educadora, los casos de violencia contra la mujer son muy inferiores a la media (como lo constataba la encuesta del Instituto de la Mujer de la época Zapatero sobre este tema), dependen en menor medida de las ayudas sociales porque la estabilidad favorece a la larga una mejor situación económica, son los que aún mantienen un mínimo la natalidad de la que depende el futuro de las pensiones (las mujeres agnóstica o ateas tienen una tasa de fertilidad inferior a 1 cuando la tasa de remplazo necesita de 2,1 hijos por mujer en edad fértil).

9. Los católicos practicantes son quienes presentan una tasa de participación electoral por encima de la media, son el primer grupo social en este sentido, quienes más participan y aportan a la solidaridad.

10. La propia Iglesia lo ejemplifica con Cáritas, a la que se debe añadir los miles de iniciativas menores y mayores surgidas de grupos, e instituciones católicas. La crisis actual habría resultado insoportable para mucha, mucha gente sin la Iglesia, y los inmigrantes sin nada, aún se hubieran encontrado en peor situación.

La clase de religión confesional educa en el amor a Dios y a los hombres, en el respeto, en el esfuerzo, en el seguimiento de Jesucristo. ¿Qué tiene de mala esta educación? ¿Acaso no debería ser celebrada como socialmente necesaria? Más cuando la recibe solo el que la pide.

¿Acaso no interesa a todos fomentar comportamientos como los apuntados que además se basan en la libre adscripción?

 Y todo esto sin referirnos a la importancia cultural de la educación católica, imprescindible para entender quiénes somos. ¿Sin entender el catolicismo quién puede leer la Divina Comedia? ¿Sin conocer a San Pablo se puede entender el predominio de la conciencia individual en Occidente?

Se habla de la necesidad de que los niños –y no solo ellos- conozcan el Islam para comprenderlo mejor, y el judaísmo. ¿Y no van a conocer con más intensidad lo que forma parte de sus raíces? ¿Qué aberrante forma de construir una sociedad es esa?

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